Potencia tu capacidad de liderazgo

Potencia tu capacidad de liderazgo

características que los grandes líderes suelen tener y en relatar sus prácticas y conductas más habituales, con el objetivo de que nos sirvieran como modelo. En este post me gustaría abordar el tema desde otra perspectiva. Poder inspirarse en los éxitos de los demás está muy bien, pero lo más probable es que no sea suficiente a la hora de desarrollar nuestro propio potencial. Lo que marca la diferencia entre los líderes excepcionales y el resto del mundo es, sin lugar a duda, su mentalidad o, como lo definen en el diccionario, el:

“Conjunto de creencias y costumbres que conforman su modo de pensar, enjuiciar la realidad y actuar.”
Ahora bien, la mentalidad no es algo que se cambie fácilmente. Por muchos buenos ejemplos que queramos seguir, si no somos conscientes de los pensamientos y emociones que condicionan nuestras acciones, no podremos optimizar nuestra manera de liderar.

5 ejercicios valiosos

En su libro “Centered Leadership: Leading with Purpose, Clarity, and Impact”, Joanna Barsh comparte 5 ejercicios sencillos que nos pueden ayudar a tener una visión de nosotros mismos más precisa y modificar nuestros comportamientos más perjudiciales. 1) Encuentra tus puntos fuertes. En el trabajo, nos solemos focalizar en nuestras debilidades y en las de los demás. El resultado es que acabamos con la sensación de que hay muy poca gente en nuestra organización con el talento necesario para lograr los resultados esperados. Este es un enfoque reductor que genera sentimientos negativos y limita nuestra capacidad de liderazgo. Aquí, el ejercicio propuesto consiste en hacer un trabajo de introspección que nos permita identificar y verbalizar nuestras cualidades:
  • Cuando eras pequeño/a: ¿qué juegos imaginarios te gustaban más? ¿Qué personajes o papeles elegías?
  • Como joven adulto: ¿qué tipo de actividades te hacía perder la noción del tiempo? ¿En qué situaciones notabas que aumentaba tu energía y qué dice de ti?
  • Como adulto trabajador: mira atrás y elige un momento destacable que haya ocurrido en los pasados 18 meses. ¿Qué estabas haciendo? ¿Cuál es la naturaleza del impacto que has tenido sobre ti mismo, los demás y la organización?
A partir de todo esto, ¿cuáles son los puntos que valoras más? Está claro que todo el mundo tiene carencias y puntos de mejora. Pero si somos conscientes de nuestras fuerzas y de las de los demás, y las vamos integrando y aprovechando en nuestro día a día, conseguiremos adoptar un enfoque mucho más inspirador y seremos más propensos a sacar lo mejor de la gente. 2) Párate para reflexionar. Todos tenemos momentos de tensión en el trabajo: deadlines imposibles, ofertas rechazadas, clientes descontentos, colegas agresivos o jefes poco razonables. Cuando el malestar provocado por cualquiera de estas situaciones es muy fuerte, el ser humano tiende a ponerse a la defensiva. No es una reacción caracterial, sino fisiológica: al sentirse amenazado, nuestro cerebro produce cortisol y adrenalina para protegernos, lo que desencadena la llamada respuesta “Lucha / Huida”. Básicamente nos entran ganas de matar a alguien o de salir corriendo… 😉 El problema es que esta respuesta es, en la mayor parte de los casos, contra-productiva. En esta situación, el ejercicio recomendado consiste en hacer una pausa, reflexionar y gestionar nuestras emociones redirigiendo nuestros pensamientos hacia lo que queremos conseguir en lugar de lo que queremos proteger. La pregunta que nos deberíamos hacer en estos momentos de estrés es:
¿Qué es lo que realmente quiero obtener de mí mismo y para mí ahora?
3) Forja confianza. Todos los grandes líderes necesitan poder contar con un equipo para alcanzar sus metas. Esto no es nada nuevo. Es imprescindible que todos los miembros se suban al barco, y esto se consigue a base de objetivos compartidos y confianza mutua. Vale. Pero tal como dice el refrán: “La confianza no se pide, se gana”. Y el problema es que no se gana de la misma manera con todas las personas. No todos valoramos los mismos aspectos de la misma forma y, como líder, resulta fundamental conocer bien a nuestros colaboradores para darles lo que necesiten. Aquí el ejercicio consiste en puntuar nuestra actitud para cada uno de los criterios siguientes de 1 (lo hago muy pocas veces) a 7 (lo hago regularmente):
  • Fiabilidad: no hago compromisos que no pueda cumplir, aclaro las expectativas y cumplo mis promesas.
  • Congruencia: lo que digo y hago está alineado con lo que pienso y siento.
  • Aceptación: no juzgo ni critico a los demás.
  • Franqueza: comunico mis intenciones y soy honesto acerca de mis limitaciones y preocupaciones.
Luego, pediremos a los miembros de nuestro equipo que valoren la importancia que tienen estos mismos criterios para ellos y verificaremos que no haya grandes desajustes… 4) Elige tus preguntas con cuidado. Otra deficiencia bastante común cuando hablamos de liderazgo es la tendencia a hacer preguntas que generan miedo en vez de esperanza, preguntas que paralizan en vez de movilizar. Intentaremos sustituir las preguntas del primer grupo por preguntas del segundo grupo: ¿Cuál es el problema? ¿Qué lo ha provocado? ¿Cuáles son las causas? ¿Quién tiene la culpa? ¿Qué es lo que no ha funcionado? ¿Por qué no has podido solucionar esto todavía? ¿Qué te gustaría conseguir? ¿Cuáles son los pequeños pasos que podrías dar para marcar la diferencia? Cuando conseguiste esto otro, ¿cómo lo hiciste? ¿Qué es lo que te funcionó?
Se trata de centrar la conversación en las soluciones que están por descubrir y no el problema.
5) Reserva tiempo para recuperarte. Los atletas reservan tiempo para recuperarse pero los ejecutivos no suelen hacerlo. ¿Por qué? La creencia según la cual el compromiso se comprueba con el trabajo duro y el sufrimiento es obsoleta. Todos los líderes, incluso los más resistentes, deberían gestionar su energía a nivel físico, mental y emocional. El ejercicio consiste en encontrar diez minutos dos veces al día (mañana y tarde) para recargar pilas al entrar en una zona de confort constructiva: tomar una café, dar un paseo, tener una conversación sobre asuntos personales, investigar un tema interesante en internet, etc.

Para terminar…

Antes de empezar con los ejercicios, debemos identificar los patrones que suelen regir nuestras conductas. El auto-conocimiento es la única vía que tenemos para liberarnos de nuestros comportamientos reductores. Al entender y reconocer lo que nos está pasando, podremos elegir actuar de otra forma. Y esto no tiene precio. ¿No te parece?]]>

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