Ni se os ocurra innovar cuando…

Ni se os ocurra innovar cuando…

La innovación, sobre todo si pretendemos que sea innovación creativa, no es algo que podamos hacer de la noche a la mañana, como si se tratase de una medida de ajuste. Requiere voluntad, pero también tiene su momento. Ya hemos hablado de lo complicado que es mover a un elefante, además de difícil, puede ser peligroso si no encontramos la ocasión idónea para hacerlo. Desde mi punto de vista, hay algunos momentos en particular en los que no es nada aconsejable iniciar un proceso de cambio o de innovación. Veamos algunos de ellos, ni se os ocurra innovar cuando:

  • Ya vivís gracias a la última innovación y eso pasó hace menos de un año.
  • Vuestros clientes sean más conservadores que vosotros mismos.
  • Vuestro mercado no tiene pinta de cambiar en los próximos cinco años (difícil, pero no imposible).
  • Lo que habéis hecho siempre, sigue funcionando y no veis ningún riesgo de esto cambie.
  • Las extensiones de productos o de marca siguen produciendo beneficios.
  • No existe ningún sentido de urgencia para innovar, suena hasta raro en la empresa.
  • Hablar de largo plazo no significa ir más allá de un trimestre.
  • Cuando todo el mundo dice «tenemos que innovar» pero nadie se hace responsable.
  • No disponéis de una partida presupuestaria, ni apoyo para hacer algo en lo que podéis (y deberéis) fallar.
  • Estáis sufriendo una crisis de corto plazo. Si es de largo plazo ¡ya os podéis poner las pilas!
  • La empresa está saturada intentando cubrir toda la demanda del mercado (felicidades).
  • Nadie tiene la menor idea de por qué tenéis que innovar.
  • No tenéis ninguna necesidad de negocio detrás, sólo queréis innovar porque suena bien.
  • No podéis crear un buen equipo dispuesto e ilusionado por conseguirlo.
  • No tenéis el apoyo de los que de verdad mandan en la empresa.
  • La gente no está todavía preparada para romper sus hábitos.
  • La gente es perezosa y se contenta con copiar a la competencia.
  • La organización no tiene ni idea de cuál es la visión de lo que pretende conseguir en el futuro.
  • Todo el mundo le tiene terror a equivocarse.
  • Todo el mundo ataca las nuevas ideas por el mero hecho de ser distintas a «cómo se hacen las cosas aquí».
  • Sabemos que las personas clave que tienen que dar su apoyo al proyecto, no están de nuestra parte.
Como ves, una buena parte de las razones en las que desaconsejamos la innovación, tienen que ver con aspectos culturales. Y es que para innovar no sólo se necesita una buena idea, se requiere que ésta venga en el momento oportuno y con las personas adecuadas. La idea, además de crearla, habrá que validarla, diseñarla, desarrollarla, prototiparla, testarla, validarla, producirla, lanzarla, venderla, facturarla, servirla y matenerla en el mercado. ¡Casi nada! ¿Cómo está tu organización? ¿Estáis preparados para innovar? Tenéis alguna otra razón poderosa para no hacerlo? Compártela con nosotros y ampliaremos la lista.]]>

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