Lo que te enseña el shopping…

Lo que te enseña el shopping…

Customer Centricity” o “Customer Experience Management”, entenderás el por qué de mi obsesión… 😉 Vuelvo a lo que os quería contar… Durante este maratón consumista, mi prima y yo nos encontramos con tres tipos de actitud: inaceptable, correcta y memorable. Puede parecer básico, pero creo que es bastante representativo del paisaje mercantil actual. Quiero precisar que mis observaciones se centran en comercios pequeños y medianos, no en macrotiendas como Zara o H&M, donde parece materialmente imposible que te atiendan de manera sobresaliente… 1) Conducta inaceptable: Empiezo por describir una conducta, en mi opinión, inaceptable: entras en una tienda y la dependienta a penas te saluda. Es más, parece que la estás molestando. Está cómodamente instalada detrás de su caja, gestionando papeles y básicamente, no tiene tiempo para ti. Todo su lenguaje corporal manifiesta que no eres la bienvenida, a pesar de las 50 bolsas que estás llevando y demuestran que estás muy, pero que muy, dispuesta a comprar… No te pregunta si te puede ayudar, ni se acerca. En realidad, te ignora. ¿En serio? La verdad es que probamos unas cosas igualmente, pero no nos costó mucho llegar a la conclusión de que no nos gustaba nada. Nos alegramos un montón de hecho… 2) Conducta correcta: Ahora la conducta correcta, la que menos da para hablar porque ni enfada ni entusiasma: la dependienta si te saluda, te pregunta si te puede ayudar, te busca la talla que necesitas y lo hace todo sonriéndote con amabilidad. Fin de la historia. 3) Conducta memorable: He dejado lo mejor para el final: la conducta memorable. De hecho, las ganas de escribir este post me vinieron al vivir lo que os voy a contar a continuación y resultó ser una experiencia que superó todas mis expectativas. El martes por la mañana, mi prima y yo entramos en una tienda llamada “She is” en Sant Cugat del Vallés. La dueña nos saluda calurosamente y nos invita a solicitarla cuando sea si tenemos preguntas o necesitamos algo. Empezamos a mirar lo que hay y nos llevamos varias prendas para probarlas. Mi prima si encuentra algunas cosas, pero yo no. Ya doy el tema por cerrado: aquí no hay nada para mi… Pero eso era sin contar con esta chica tan maja cuyo nombre desconozco… Me mira detenidamente, tal como había mirado a mi prima antes, y empieza a sacarnos conjuntos, todos muy bonitos y muy bien pensados. Va y viene, cambiando tallas, buscando colores y formas. No intenta vender, intenta ayudarnos y complacernos. Su dedicación es absoluta. Además, es sincera: si algo no queda tan bien, lo dice y busca soluciones. Si algo le gusta, lo transmite con naturalidad y autenticidad. Se gana nuestra confianza y complicidad en un ‘plis’. Al final, da la sensación de que las tres somos amigas desde hace años. Nos llevamos un montón de cosas desde luego y al cobrarnos, nos regala un collar a cada una, lo cual fue la guinda del pastel. Me encantó la experiencia (más de dos horas en total) y la verdad es que se lo agradezco un montón. Con un trabajo a tiempo completo y un niño de 4 años, no tengo momentos así tan a menudo (ni yo ni la mayor parte de la gente). Ha sido todo un lujo. No sólo por la ropa que me he comprado sino por lo gratificante que el instante ha sido. Así que: dedico este post a la dueña de la tienda “She is” de Sant Cugat del Vallés, todo un ejemplo de trabajo bien hecho y una profesional inusual sin lugar a dudas. Y tú, ¿has tenido alguna vez una experiencia de compra memorable? ¿Qué tipo de conducta favorece tu empresa? ¡Cuéntanos!]]>

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