Impertinencia constructiva

Impertinencia constructiva

inteligencia colectiva”: tal es el objetivo de Agnès Muir-Poulle y de su “Pequeño tratado de la impertinencia constructiva”. Experta en gestión de Recursos Humanos, Agnès nos habla en este libro de otra enfermedad empresarial degenerativa muy común en grandes organizaciones: el miedo a expresarse, y defiende una posición que me encanta y comparto al 100%. En Francia, y sé por experiencia que en España también, muchos empleados y jefes de equipos no se atreven a opinar o compartir sus ideas por temor a la reacción de su jerarquía. No saben cómo expresar pensamientos diferentes ni creen que los vayan a escuchar, lo que les lleva – lógicamente – a callarse. Las consecuencias son numerosas y, por lo general, totalmente nefastas: sufrimiento personal, deterioro de las relaciones, jefes cada vez más autoritarios, equipos de trabajo poco productivos, conformismo tan profundo que aniquila la innovación, etc. En definitiva, todos salen perdiendo: los trabajadores que no se sienten a gusto – y menos aún queridos – y las empresas que la falta de compromiso acabará afectando sí o sí. De hecho, existe una relación clara entre el déficit de inteligencia colectiva y lo que los expertos llaman la “estupidez funcional” (procesos obsoletos y lentos), que resulta ser la causa del fracaso de muchas compañías.

¿Y por qué nos pasa? ¿Qué provoca esto?

Las causas son múltiples desde luego. El sistema educativo es el primer culpable: la mayor parte de nosotros hemos sido “formateados” para obedecer y ejecutar sin cuestionar ni proponer nada nuevo nunca. Nuestra cultura elitista – tanto en Francia como aquí – también es un problema: la uniformidad de la formación de nuestros líderes (todos han estudiado lo mismo en las mismas escuelas) y la composición homogénea de muchos comités ejecutivos dificultan la expresión de pensamientos divergentes. A todo esto, se suman factores psicológicos básicos e inherentes al ser humano: para expresar una idea diferente debemos arriesgarnos a que el grupo nos rechace, lo que entra en contradicción con nuestro deseo de cumplimiento social y no nos gusta para nada. El focalizarse en “ser bueno” en vez de “ser cada vez mejor” y el “tengo miedo de” son también obstáculos en nuestro camino.

Entonces, ¿qué hacemos?

Practicamos la impertinencia constructiva 😉 Según Agnès:
La impertinencia constructiva es la capacidad de expresar una opinión sobre un tema controvertido y saber iniciar un diálogo fértil con sus superiores.
El “buen” impertinente usa la energía y el coraje que le dan su rabia y sus ganas de cambiar las cosas de manera virtuosa. Su propósito es positivo: quiere mejorar la situación y encontrar una solución consensuada, no entrar en batalla. Es un verdadero talento que pocos tienen pero que se puede adquirir a base de trabajo. Como dice Dani en uno de sus artículos, las organizaciones a menudo nos llevan por cauces no deseados, pero está en nuestras manos intentar hacer las cosas de forma diferente. Realmente vale la pena. Para que entre todos, desarrollemos organizaciones humanas que generen valor. Justamente porque los “Recursos Humanos” ya no son suficientes. Necesitamos “Humanos con Recursos” como bien dice Pere. Y estos sólo se quedarán y se realizarán en entornos creativos, donde reinen el respeto, la transparencia y la colaboración. Acabaré con esta frase de Henri Lachmann, vicepresidente de Schneider Electric, que en mi opinión plasma perfectamente lo más importante del concepto:
“La confrontación no es el conflicto, la iniciativa no es la indisciplina”.
Y tú, ¿eres un impertinente constructivo? ¿Se practica la impertinencia constructiva en tu empresa?]]>

1 Comment


ANTONIO VILLAESCUSA
22/01/2017 at 22:47
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Me ha parecido un planteamiento fresco e interesante. En la línea de promover a los humanos con recursos y una nueva autoridad mas participativa


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