Érase una vez el pensamiento lateral

Érase una vez el pensamiento lateral

¿Qué iba a hacer?

  • ¿Negarse y dejar que encarcelaran a su padre?
  • ¿Denunciar el engaño y arriesgarse a provocar la furia del prestamista?
  • ¿Resignarse a coger una piedrecita negra y convertirse en la mujer del usurero?
Estas tres alternativas parecen ser las únicas posibles, ¿verdad? Sigue leyendo… La hija del comerciante puso su mano en la bolsa y sacó una piedrecita. Sin mirarla, la dejó caer en el pasillo dónde se mezcló con todas las demás. Era imposible distinguirla.
“¡Oh! ¡Que torpe soy!” exclamó. “Pero bueno, no importa. Si miramos en la bolsa qué piedrecita queda, sabremos cual había elegido…”.
El prestamista no reconoció su deshonestidad deliberada desde luego y tuvo que admitir que la joven había sacado la piedra blanca de la bolsa. Y así es como la hija del comerciante resolvió un problema complejo de manera creativa, aplicando el llamado “pensamiento lateral” o “Lateral Thinking” en inglés.

Pensamiento lateral

El pensamiento lateral es un concepto desarrollado en los años 60 por Edward de Bono. Consiste en “obligar” nuestro cerebro a considerar puntos de vista alternativos, a “pensar fuera de la caja” para resolver problemas mirándolos desde nuevas perspectivas. Sabemos que nuestro cerebro prefiere la comodidad de los patrones establecidos y tiende a razonar de manera lineal y secuencial. Tal como dice el propio creador del término:
“Damos por sentados ciertos conceptos, límites y percepciones. El pensamiento lateral no trata de jugar con las piezas existentes, sino de cambiar aquellas piezas.”
Esta “disciplina” implica descartar lo obvio, reformular preguntas y huir de las ideas preconcebidas. En muchos casos consiste en romper reglas que en realidad no son reglas, sino más bien convenciones. Como hicieron Picasso o Apple… En otros casos, consiste en conectar muchas ideas para llegar a una solución innovadora. ¿Te acuerdas de Macgyver? Pues así… 😉 El pensamiento lateral no es un talento, sino una competencia que se puede desarrollar. Para conseguirlo, toca entrenar siguiendo estos 5 pasos:
  1. Listar las suposiciones que tenemos en mente a la hora de resolver un problema.
  2. Verbalizar las soluciones obvias e inmediatas.
  3. Cuestionar la pregunta: ¿Cuál es el problema real? ¿Qué es lo que necesito, quiero obtener? ¿Hay otros escenarios posibles?
  4. Empezar por el final: reformular el reto a partir de una solución concreta para eliminar los detalles inútiles y evitar quedarnos estancados con respuestas vagas e imprecisas. En el caso de la hija del comerciante: “¿Cómo podría conseguir una piedrecita blanca sabiendo que las dos que están en la bolsa son negras?” en vez de “¿Cómo podría salvar a mi padre sin casarme con el prestamista?”.
  5. Cambiar de perspectiva: intentar ponerse en la piel de otra persona, otro perfil más inclinado a examinar el problema de manera diferente.
La flexibilidad mental, al igual que la flexibilidad física, es una característica que se puede mejorar. Pero debemos estar dispuestos a dar un paso de lado en vez de siempre abordar los problemas de frente. Y tú, ¿aplicas el pensamiento lateral? ¿Es algo natural e instintivo o es algo que has ido desarrollando con el tiempo y la experiencia?]]>

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