Equipos con entusiasmo

Equipos con entusiasmo

Transparencia total Desde el primer momento conozco sus puntos fuertes y débiles. Se que trabajan para mejorar y cómo lo hacen. Yo escojo si es aquí o no dónde quiero estar. No soy cautivo y conozco de primera mano los problemas y soluciones.

Cualquier profesional del equipo con el que hables, está entusiasmado y comprometido con el proyecto

Desde recepción hasta dirección. No hay problema para que hables con nadie ni les conozcas. No hay miedo para expresar opinión. Porque toda opinión puede servir para mejorar. Todo el claustro está alineado, trabajando para los mismos objetivos y metas. Las diferencias entre profesionales están por detrás.

Siempre miran fuera y tienen alianzas con colegios con similar filosofía

Saben que solos, no llegarán tan lejos. Tienen inquietud por dar lo mejor de si mismos a sus alumnos. Y para ello, se inspiran en cómo lo hacen en otras escuelas. Crean alianzas y buscan soluciones para todos. Uno de los resultados más recientes es tener alianzas con garantía de continuidad para el alumnado de bachillerato tanto en centros concertados (lo habitual) como públicos (¿conoces alguna que lo tenga?).

Promueven en otros colegios su filosofía de trabajo por proyectos

Así como se inspiran en otros centros, también comparten con ellos sus mejores prácticas y su forma de trabajar. Sus dos objetivos son: buscar un contrapunto que les ayude a si mismos a mejorar y ayudar a mejorar a los demás.

Están abiertos a nuevas iniciativas, siempre y cuando el claustro quiera de llevarlos a cabo.

Tener a un claustro involucrado les permite poder realizar nuevos proyectos. No hay ningún problema para proponer mejoras. Nadie se acomoda, ni se molesta con ideas nuevas. Buscan crecer a nivel profesional individual y colectivo. Ello les lleva a ser pioneros y referentes en ciertos proyectos.

Trabajan duro para conseguir que sus alumnos obtengan los mejores beneficios.

Ni aun con el “rígido” sistema educativo al que los centros deben ceñirse y con los recursos que tienen, trabajan para conseguir, cada año, un poco más. Para mejorar aquellos aspectos que, conjuntamente con otros profesionales y/o padres, más creen que benefician a sus alumnos. Los recursos son limitados, pero las ideas, las ganas y el talento, no.
Los valores del equipo con el que cuenta, hace posible escenarios de innovación, en el que avanzar en los proyectos fluye de la propia cultura de empresa. Pero también ayuda, de forma inherente, a darlos a conocer.
Todo y que estoy seguro que, como en todos sitios, siempre existe la excepción que rompe la regla, el resultado es que tienen larga lista de espera con peticiones de más allá de las zonas a las que puede llegar. Y todo gracias a los padres que, como yo, lo recomendamos firmemente. Y a exalumnos que no les importa volver a su antiguo colegio a explicar sus vivencias escolares y vincularlas a sus éxitos profesionales. Si mi hijo hereda estos valores, conjuntamente con unos conocimientos base, creo que tiene las herramientas para empezar a desarrollar competencias que le servirán realmente para la vida. Para mi, cualquier empresa debería funcionar como el colegio (a excepción del pobre marketing y entusiasmo para “captar” nuevos alumnos que tienen). Y es que tienen una estrategia clara: no perder la esencia para seguir dando, cada año, su mejor tiempo al mejor modo de enseñar y hacer crecer personas. Te animo a que cambies “colegio” por “empresa” y “claustro” por “equipo” y evalues el entorno en el que trabajas. ¿Estás en un entorno como el colegio de mi hijo o tu empresa sigue buscando valores diferenciales?]]>

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