El Jinete y el Elefante

El Jinete y el Elefante

¿Por qué sucede? Nuestro cerebro no tiene una sola mente. Tiene dos. En psicología sabemos que el cerebro funciona simultáneamente con dos sistemas: el lado racional, conocido como sistema consciente y reflexivo, que es la parte que mira hacia el futuro, delibera y analiza. Y el lado emocional, que es nuestra parte instintiva que siente el dolor y el placer. De hecho Platón decía que en nuestra cabeza tenemos un auriga que tiene que montar un caballo desbocado, y Freud hablaba sobre la identidad egoísta y el superego consciente. Está claro que cuando nos proponemos ir más al gimnasio, lo decidimos con la parte racional, y cuando no lo cumplimos, es la otra parte la que funciona y nos intenta convencer, total, ya irás otro día, ahora ya es muy tarde, y hoy has caminado mucho… las emociones nos convencen de que es mejor dejarlo para otro momento. Jonathan Haidt, un profesor de psicología de la Universidad de Virginia, lo explica de una forma muy visual en un libro imprescindible titulado «The Happiness Hypothesis: Finding Modern Truth in Ancient Wisdom«. Haidt dice que nuestro lado emocional es un elefante y nuestro lado racional es su jinete.

A simple vista es obvio pensar que el jinete es quien manda (en teoría, así es) por eso lleva las riendas. Pero el elefante es mucho bicho para ser doblegado por algo tan pequeño y, a menos ambos que vayan muy alineados, la disputa está asegurada y normalmente será el elefante el que gane.
Nuestro Elefante, o lado emocional e instintivo, es perezoso y caprichoso, busca la gratificación inmediata (una cerveza) ante la gratificación a largo plazo (perder barriga). Normalmente cuando no cumplimos nuestro propósito, suele ser culpa del Elefante. El jinete acaba exhausto de intentar conducir al Elefante por donde él no quiere pasar. Pero también tiene cosas muy buenas, es determinado y si de verdad está convencido de algo lo consigue, porque energía no le falta. Tiene sentimientos nobles como la solidaridad, el afecto, la pasión… El jinete en cambio es planificador, le encanta el largo plazo, analizar y evaluar la mejor opción en todo, pero muchas veces pretende cosas que son demasiado ambiciosas o distintas. El Elefante es un animal de hábitos, no le gustan los cambios, y menos con prisas. Necesita su tiempo y muchas razones para hacer algo distinto a lo habitual.

¿Y cómo aplica esto en las organizaciones?

Yo lo veo clarísimo y espero que tú también: el Jinete es la Estrategia, y el Elefante es la Cultura. No hace mucho en otro post ya escribía sobre la célebre frase de Drucker «la cultura se come a la estrategia para desayunar». Cuando visualizo al Elefante en la organización recuerdo muchas situaciones donde la Estrategia era de un «Jinete» muy inteligente y con muy buenos propósitos, que no había tenido del todo en cuenta a su Elefante de seis toneladas. El animal no se iba a mover, a menos de que primero nos aseguráramos de convencerlo demostrándole de que al hacerlo, iba a conseguir algo importante y muy concreto, a corto plazo.
Probablemente tú también conozcas a muchos Jinetes cansados de intentar mover a su Elefante para un sitio muy lógico, pero nada motivador ¿verdad?
Y es que es relativamente fácil decidir hacia dónde tenemos que ir, pero hacerlo, es otra cosa. El papel -y el Powerpoint- lo aguanta todo. Pero si una estrategia de innovación, o un proyecto de gestión del cambio no tienen en cuenta cómo se comporta el Elefante, está claro quién va a ganar. De todos es conocido el ‘gap’ existente entre estrategia y ejecución, el gran error es que a veces pensamos que la ejecución sólo es ‘hacer que las cosas pasen’ cuando en realidad es ‘conseguir que la gente quiera hacer lo que hay que hacer’. ¿Y Cómo conseguimos que el Elefante nos haga caso? Pues eso es algo que veremos en el siguiente post, de momento intenta ver si tu Jinete y tu Elefante quieren ir al mismo sitio y lo comentamos. ;-)]]>

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