El futuro de la educación según los jóvenes

El futuro de la educación según los jóvenes

¿Qué es la FLL? La FLL nace en 1998, con la unión de Lego y FIRST, una fundación sin ánimo de lucro cuya misión es inspirar a los jóvenes el interés por la ciencia y la tecnología a través de programas innovadores. La Micro FLL son torneos autoorganizados por escuelas y otras entidades que sirven como paso previo al torneo clasificatorio de la FLL y siguen el mismo formato. La FLL fomenta las vocaciones tecnológicas y científicas entre los jóvenes. Una de sus razones de ser es el despertar y hacer crecer sus habilidades y competencias para prepararlos para su futuro. Entre dichas habilidades y competencias resaltan la iniciativa y liderazgo, el trabajo en equipo, la comunicación, la resolución de problemas, la adquisición de nuevos conocimientos, la autoconfianza, la superación y la creatividad e innovación.

Metodologia: Learning by doing

La FLL propone a nivel mundial y de forma anual un nuevo desafío relacionado con alguna problemática de actualidad. Este año, el reto es responder a cuál es el futuro de la educación. Los diferentes equipos, formados por un máximo de 10 jóvenes, preparan el proyecto en tres partes:
  • Proyecto científico: Realizan un trabajo de investigación en el que aporten una solución innovadora a un problema real relacionado con el tema propuesto. El proyecto científico está basado en entrevistas con expertos, benchmarking, encuestas, conceptualización de producto o servicio y propuesta final.
  • Robot: Diseñan y programan un robot que debe superar una serie de pruebas en un tiempo limitado, adquiriendo una puntuación.
  • Valores: Todo el trabajo en equipo debe ser realizado bajo los valores de inclusión, descubrimiento, cooperación, respeto y trabajo en equipo. Durante las pruebas, deben comunicar y demostrar su aplicación en el proyecto y traslado a la vida rutinaria.

Según los jóvenes, ¿cuál es el futuro de la educación?

Como resultado de los proyectos científicos de la Micro, presentados por equipos compuestos de jóvenes entre 12 y 16 años, pudimos extraer las siguientes conclusiones: La tecnología como base de aprendizaje en las aulas La tecnología engancha a los más jóvenes. Reclaman tecnología como base de aprendizaje (en este caso, el montaje de un robot como centro de aprendizaje y sobre el que aprender muchos otros conceptos).
“El aprendizaje ocurre cuando alguien quiere aprender, no cuando alguien quiere enseñar”. Roger Schank
Estoy seguro que no todo tiene que ser tecnología, pero, tal y como ellos reclaman, debemos usar nuevos métodos que permitan a los jóvenes querer aprender, sentirse motivados y querer crecer. La tecnología como herramienta de aprendizaje De modo masivo, reclaman sustituir los libros por dispositivos tipo tablet, que les permita rebajar peso en las mochilas y costes de material (seguramente con una libreta para todo sincronizada con el dispositivo sería suficiente) y paralelamente, aprender de forma diferente, con juegos y material didáctico orientado a cada alumno, según su velocidad de aprendizaje. Una nueva forma de entender la formación El tercer gran reclamo es la implicación alineada de padres, profesores, otros profesionales y alumnos en su propio aprendizaje. Basta de dictar apuntes, tomar notas o memorizar sin entender. Quieren aprender haciendo, entendiendo, conociendo y disfrutando. Bien pensado creo que es el modo en el que quiero que mis hijos crezcan. El colegio al que acuden ya fomenta el “aprender por proyectos” y allí dónde no lleguen, lo intentaremos hacer desde casa. Pero me pregunto, ¿no sería mejor ir alineados? ¿no sería mejor replantear modelos arcaicos de enseñanza y empezar a pensar de forma diferente? ¿No sería mejor centrarnos en el alumno y no en la clase? En la era del cliente en la que vivimos, en la que la tecnología nos ayuda a acercarnos y a saciar sus necesidades de consumo, ¿no podemos hacer lo mismo en la educación con las necesidades de formación y capacitación?]]>

Leave A Reply


Christian Pamies Alegre
27/01/2015 at 23:33
Reply

La educación no es fácil, y cómo he escuchado alguna vez de un colega mío del que he aprendido mucho, más que una ciencia es un arte. Y como todo arte, el que lo practica debe sentir pasión por él. La práctica educativa es muy compleja: el profesional docente suele trabajar con grupos grandes de alumnos (de 25 a 35 alumnos), suele impartir varias materias a grupos distintos, está obligado a enseñar unos mínimos contenidos que exige la ley para que los alumnos adquieran unas determinadas competencias, tiene que valorar el trabajo de los alumnos, evaluarlos y clasificarlos con unas notas. Los padres esperan que aprendan ciencias, lenguas, artes y practiquen educación física. Y lo más importante, esperan que desarrollen al máximo todas sus capacidades, no sólo intelectuales, también emocionales y sociales. Los colegios intentan dar respuesta a estas necesidades con mayor o menor éxito. La tecnología en el aula puede ser de gran ayuda para cambiar dinámicas de funcionamiento. Las pizarras digitales, por ejemplo, pueden ser usadas de forma convencional con muchas herramientas que facilitan la comprensión del mensaje que se transmite a los alumnos; al mismo tiempo que puede usarse para proyectar imágenes, vídeos o realizar videoconferencias con otros grupos. También los libros digitales descargan el peso a los alumnos de las mochilas y permiten una mayor interdisciplinariedad. La educación no tiene que dar la espalda a la tecnología pero debe encontrarle el sitio que más la favorezca. La tecnología no es la panacea de la educación pero debemos aprovecharla al máximo para que ésta sea más eficaz y agradable a nuestros alumnos. Es posible que la renovación en la educación pase por la renovación personal de cada educador, padre o profesor, entendida como mejora personal, con ánimo de servir, de ayudar a los demás; en un mundo que muchas veces nos viene asfixiando con el peso de la incomprensión y del egoísmo.


Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*